Les cuento que he tenido mucho trabajo (qué raro, ¿no?) pero he sacado mi tiempecito para tener vida social como una persona normal.
Mis problemas vehiculares han estado tranquilos. Apart from the jeepioneta living me the mean eye every time I hop into the new one (no se conforma con que la prenda todos los días, le pase la mano y le de cariñitos), no ha habido muchas eventualidades.
Soy de la “guardia vieja” en muchas cosas, y un ejemplo de esto es como trato los carros.
Mi papá me enseñó desde chiquita que a los carros hay que “desajustarlos”. Los primero 2 mil kilómetros no se puede pasar de 2 mil revoluciones, no se puede coger carretera en ellos ni mucho menos pasarlos de 80 km/h. Aparte de eso, con los nuevos sistemas computarizados, me enseñaron a “abrir el switch”, esperar unos segundos a que la computadora haga el chequeo y después encender el vehículo.
A mí no me vengan con el cuento de que eso era antes. Comprar un vehículo es una inversión fuerte y por eso hay que tomar todas las medidas precautorias necesarias para conservarlos.
Ya se imaginarán cómo ando con eso de andar despacito. No es que yo ande matándome en la calle, pero no estoy acostumbrada a andar contando las vueltas que dan las gomas…
Por eso, y por todo lo que me ha pasado últimamente, ando con más miedo que vergüenza. Ya poco a poco se me está pasando, pero mientras tanto ando a paso de tortuga…
Ah, por cierto, mañana publico el post del bonche del Sabado (no lo he publicado porque todavía estoy subiendo los videitos....)
Nada, les dejo que "'toy eplotá" y me quiero echar.
Silla