Allá en la época en que no existía Internet, en la que ni se pensaba de lejos poder llegar a tener un teléfono celular, cuando mi papá tenía que llevarme y traerme a los sitios porque mis piernas no alcanzaban los pedales de los carros y cuando los varones sólo significaban para mí un compañero de baile para Barbie, lo conocí. Para mí era el hijo de la directora del lugar donde tarde a tarde me obligaban a ir. Supongo que en las actividades en las que participó lo hizo obligado porque para mí siempre estaba entruñado (me imagino que hacer ese tipo de cosas no era de su mayor agrado). No obstante, siempre me llamó mucho la atención.
Fast forward varios años, quizás una década. Estoy en la universidad y salgo con una muy buena amiga y su novio. Pasamos a buscar a su vecino y uno de sus mejores amigos. ¡Oh, sorpresa! ¡Es él! Que la salidera, que el coro, que vamos a dar una vuelta… cuando vinimos a ver, éramos medio pareja. Salimos, compartimos, reímos, bebimos… disfrutamos. De pronto, aparece “Jeepecito” y me trastorna la vida. Dejé de salir con Entruñado para salir con Jeepecito. ¡Error! Desperdicié 10 años de mi vida con Jeepecito, pero Entruñado nunca salió de mi cabeza.
De unos años para acá, siempre pensaba en Entruñado. Siempre que pasaba por su casa se me enternecía el corazón. Vivía hablando con mi hermana de él (mi hermana y su mamá son muy buenas amigas). Era casi un relajo entre nosotras. Cada vez que mi hermana se enteraba de algo relacionado con su vida, me llamaba para decírmelo. De todos los integrantes del sexo masculino que han pasado por mi vida, me atrevo a decir que él fue uno de los pocos que de verdad causaron una impresión permanente. Comencé a llamarle “el amor de mi vida”.
Si lo veía en la calle, me ponía nerviosa y me turbaba. No sabía qué hacer o decir. Las rodillas me temblaban (en mi vida sólo me han temblado por 3 personas). Cuando pasaba por su casa el corazón me brincaba. Puedo decir a ciencia cierta que hoy en día él es la única persona que tiene ese poder sobre mí. En términos simples, ‘toy aficiá…
Llevo una relación de amistad muy buena con su mejor amigo (el ahora ex esposo de mi amiga) y él mismo se daba cuenta del efecto que sólo mencionar su nombre causaba en mí, y eso le causaba mucha gracia. Sólo tenía que mencionar su nombre para que yo me volviese un disparate. Con él tenía la suficiente confianza para decirle todo lo que sentía por Entruñado. “Tú sabes cómo me gusta, tú sabes que yo me tranco y me pongo a balbucear de nada más verlo. Tú sabes que él es el amor de mi vida y si fuera por mi nos casáramos ya y tuviésemos todos los hijos del mundo y que voy a hacerlo más feliz que nadie en este mundo.” Nada, la vida nos llevó por caminos diferentes…
Fast forward hasta el Sabado. Pao había decidido celebrar su cumpleaños (que era el Domingo) el Sabado en Red Room. Como es de conocimiento público, últimamente yo no estoy muy sociable que digamos, sobre todo en lo que respecta a salir a discotecas. No obstante, ir era más que un compromiso así que me tragué mi insociabilidad y me preparo para ir. Ya en el sitio mi “incomodidad” para decir algo es muy visible. To add insult to injury, me encuentro con la mejor amiga de mi sobrina, señal de que de verdad no estoy en el sitio correcto y que ya mis días de andar de discoteca en discoteca pasaron al olvido. O sea, el average de la edad era menos de 25, y yo estoy en medio de todo, loca por irme a mi casa. ¡Y Pao no acababa de llegar! Por fin llega y pongo mi mejor esfuerzo en cambiar mi cara y tratar de pasar un momento agradable, pero estoy conciente de que no estaba del mejor de los humores.
Nos movemos de sitio y nos ponemos cerca de la entrada, en unos sillones cerca del bar. Por lo menos estoy sentada, así que mi humor cambia un poco. Pasa un rato y decido marcharme. Le pongo la mano a Loli en la espalda para decirle que me voy, cuando de pronto entre la gente que va entrando veo una cara conocida. ¡No lo podía creer! ¡Era él! Justo cuando estaba cruzando delante de mi fue como su estuviésemos en una película. El queda frente a mí y cruzamos miradas. Se me queda viendo y yo (como una estúpida) medio me sonrío. Estamos hablando que la última vez que estuvimos juntos fue hace más de 11 años. El se sonríe (tiene la sonrisa más bella del Universo), se acerca, me da un beso en la mejilla y me pregunta cómo estoy (entre toda la bulla del lugar). Le respondo que bien, él se queda viéndome (¡que bello!) y se aleja. ¡O sea! ¡Yo quería morirme en ese momento! Le digo a todo el que andaba conmigo que el hombre de mi vida acababa de llegar… me pongo más nerviosa qu’er ñañe. De pronto Mariel me dice “¡pero si el tipo te está mirando!” ¡Yo quería morirme! Las piernas me estaban temblando, así que me siento en el sillón y me trato de calmar. Cuando miro al sillón de al lado, él está sentado ahí. OMG! ¡Yo no podía mirar hacia la izquierda! ¡Mi madre que me iba a dar una sirimba! Me dicen mis amigas que todo el tiempo que estaba sentado se la pasó viéndome. Luego de un rato, se paró del sillón y se sentó en el murito del bar, diagonal a mí.
Yo no sabía qué hacer. Estaba como medio cucú. Cada vez que miraba hacia su dirección me topaba con su mirada. A cada rato venía alguien del grupo a decirme que el tipo no me quitaba la mirada de encima. ¡Yo me estaba muriendo!
Un rato largo después reacciono porque comenzaron a poner música de mi época y me paro a bailar (en el mismo sitio). Estoy rodeada de mis amigos cuando de pronto alguien se acerca. ¡Era el! Venía con una copa de
champagne en la mano. Pide permiso, se me acerca y me entrega la copa. ¡Tierra trágame! Entre nervios le dije “gracias” entre labios… OMG!
Ya ustedes se imaginan como me sentía. Mis amigas estaban que no podían. ¡O sea! ¡Esa copa era mía! ¡Dios mío! Traté de calmarme y beber de la copa, pero sentía su mirada sobre mí. Siento que el corazón se me va a salir por la boca. Siguen poniendo música y yo ahí “given to the fish”. No pasan 10 minutos cuando se acerca, esta vez con la botella de champagne en la mano. ¡Me sentía como en una película! Cuando me está llenando la copa se acerca y me dice algo entre “para que te recuerdes de mi y de los momentos que pasamos juntos” o algo por el estilo. ¡Yo no se! ¡Estaba tan nerviosa que la copa me estaba temblando! Entre nervios y cosas, nunca permitió que la copa estuviese ni relativamente cerca de la mitad. ¡Yo me quería morir!
Al rato me siento y me pongo a hablar con su mejor amigo. Entre cosas y cosas me dice “¿viste? Esto es una viga que él esté en la calle, y entonces cuando sale se topa contigo. Ve para allá, que él quiere que tu vayas.” Como hay confianza (y su amigo sabe lo que siento por él) le digo “tú sabes lo mucho que me gusta, tu sabes que me vuelvo un disparate cuando estoy con él. ¡Yo no puedo ni pararme de aquí y tu me estás pidiendo que vaya donde él! ¿Tú quieres que me ponga mala aquí?” Su amigo me salta y me dice “pues entonces yo lo voy a buscar porque si los dos quieren estar juntos y ninguno de los dos se atreve a acercarse al otro lo voy a tener que hacer yo.”
¡TIERRA TRAGAME OTRA VEZ!
¡Oh Dios! Vienen los dos y él se me sienta al lado. Me pasa el brazo por los hombros y comenzamos a hablar. Su amigo comienza a joder “señores, pero si ustedes se gustan dense una resolviíta aquí” Yo sentía como la cara se me iba poniendo colorada. El decía “sólo ella y yo sabemos la atracción que hay entre nosotros. Ella sabe lo mucho que significa para mi.” ¡Pero mátame ya! Cada vez que hablaba me daba un beso en la mejilla. Yo no se si fue todas las botellas de champagne o algo, pero de pronto los besos en la mejilla emigraron al cuello. ¡No, no, no! ¡Señor dame fuerzas! ¡Dame control! Entre besos, abrazos e insinuaciones, yo sentía que el mundo había parado de girar que estábamos él y yo solos en el sitio….
Cuando vine a darme cuenta, ya el sitio estaba vacío (claro, la mayoría de los que estaban ahí tenían horas de llegada en su casa). Comenzaron a poner música para que nos fuéramos. El pidió la cuenta y en lo que mis amigos pagaban las de ellos, comenzaron a poner merengues de los viejos. Me invitó a bailar. Yo estaba tan nerviosa que ni pude coordinar los movimientos. I was dancing on the clouds! En un momento se me acerca y me dice “¿Para dónde vas después de aquí? Vete conmigo…” ¡Cristo! ¡Pero por qué me tientas de esa manera Señor! ¡Yo soy débil y la carne llama!
Los momentos que siguieron a esa propuesta indecente fueron los más largo de la noche. Me sentí como en los muñequitos, con un diablito sobre un hombro y un angelito sobre otro. El diablito me decía “vete con él. ¡No seas pendeja! El hombre de tu vida te está diciendo que quiere estar contigo esta noche ¿y tú quieres privar en seria? Recuerda cómo besa, recuerda cómo abraza, recuerda lo bueno que se siente tener su cuerpo junto al tuyo, recuerda cómo huele… ¿no quieres tener eso una vez más?” mientras que el angelito me decía “recuerda que ya no quieres cosas pasajeras, recuerda que ya estás lista para sentar cabeza, recuerda que no quieres más relajos.” ¡Oh Dios! ¿Qué hacer?
El insistía. Su mejor amigo insistía “dense un besito delante de mí para recordar los viejos tiempos” y nos tomaba las cabezas y nos acercaba.
No puedo negar que hubo momentos en los que el diablito tomó la delantera. Hay que entenderme, ¡por este hombre yo llegaría hasta el fin del mundo! ¡Quiero casarme con él y parirle todos los muchachos que Dios nos mande! ¡Es el hombre de mi vida! Cada vez que se acercaba a mi cara me daban ganas de pegarlo contra una pared y … bueno… ustedes se imaginan.
Desgraciadamente (o agraciadamente), triunfó el angelito. Le dije que no… ¡LE DIJE QUE NO! ¡Ni yo misma me lo puedo creer! ¡Le dije que no al amor de mi vida!
O sea, ustedes no entienden la insistencia que él tenía… no fueron ni una ni dos las veces que titubié. ¡Yo quería irme con él!
Le dije que tenía que llevar a mis amigos a sus casas (mentira, yo andaba sola). Me dijo que me acompañaba, que los llevábamos en su carro, que nos fuéramos todos juntos… buscó todas las soluciones pero yo me mantuve firme y le dije que no. Que otro día, pero que ese día no.
Cuando bajábamos las escaleras, estoy muriéndome, diciéndole a Pao que no creía lo que acababa de hacer, cuando de pronto oigo que me llaman de arriba. ¡Era él! Su amigo me pide mi teléfono… se lo doy. Salimos del sitio y de inmediato me suena el teléfono. ¡Era él de nuevo! “¿Estás segura? Yo me quiero ir contigo…” “No, de verdad que hoy no puedo, pero otro día…”
Salimos y en lo que estoy esperando que me traigan el carro salen ellos. El se queda viéndome, siguen caminando y se paran como para esperar a ver si era verdad que mis amigos se iban conmigo. Se pararon detrás un carro, así que mis amigos tuvieron que irse conmigo… los llevé a su carro (casi nos mata un carro que se comió una luz en la Lincoln), pero yo iba en el aire así que eso no me importó.
¿Me llamará o no me llamará? Le rogué al Señor que si no me convenía me lo alejara, que no me llamara. No quiero más relajos, claro que lo quiero a él pero no sólo para una noche.
¡Y yo que me había prometido romper con el pasado!
¡TE AMO ENTRUÑADO! ¡QUIERO CASARME CONTIGO Y SER FELICES POR EL RESTO DE NUESTROS DÍAS!
Que sea lo que Dios quiera… pero no me pongo bravita si salimos par de veces…
Anyways, si quieren ver fotos del cumple hagan click
aquí. Y que conste que mi Entruñado no sale en las fotos....