Monday, April 17, 2006

In memoriam, Julia Eugenia Antón vda. Córdova

La verdad es que me dio mucho trabajo escribir este post. No tenía la más mínima idea qué decir.
Desde hace ya uno tiempo, más de un año, mi abuela estaba en su lecho de muerte. Poco a poco, todos los órganos de su cuerpo fueron fallando por el paso de los años. Nos dimos cuenta que había algo comenzado a cambiar cuando comenzó a hablar con su bastón y con una media verde de esas navideñas que alguien le puso al mango; la senilidad había iniciado su poderío.
Mi abuela siempre fue una mujer menuda, creo que nunca llegó a los 5 pies. Llenita, de pocas palabras y sin tendencias expresivas o emotivas, de pronto se le hizo difícil caminar. Su vida consistía en sentarse en la mecedora de la sala del apartamento que compartía con mi tía, frente al televisor. Fifa, la señora que la cuidaba, le daba masajes para que la sangre continuara circulando por sus extremidades y no sufriera complicaciones por la falta de movimiento. Fue perdiendo poco a poco los sentidos de vista y audición, pero mujer orgullosa al fin, lo supo esconder muy bien.
Al pasar el tiempo, ni siquiera podían moverla a la mecedora. Mi tía le compró una cama de posiciones para que estuviese más cómoda. Por su lecho desfilaron hijos, nietos, biznietos y hasta tataranietos. Poco a poco, mi abuela se iba consumiendo y apagando.
El año pasado comenzó el descenso final. Ya su cuerpo se rendía al paso de los años. Estuvo interna varias veces por diferentes achaques. Ya sus sentidos no eran los mismos. No oía, apenas veía, de pronto se reía o lloraba sin motivo alguno. Quizás algún día reconocía a algunos de sus nietos, pero al otro día ni siquiera se daba cuenta quién era que la estaba saludando. Ver una ambulancia en nuestro edificio era pan nuestro de cada día. Oír que algo nuevo le había fallado simplemente no nos asombraba tanto como debió haberlo hecho. Mi tía y Fifa le dieron el mejor de los cuidados y siempre estuvo rodeada de sus seres queridos. Puedo decir a plena voz que el camino hacia el final fue lleno de amor.
Por la falta de movimiento, en la espalda le había salido una llaga. Su corazón le había estado dando problemas y en la última semana sus riñones no estaban funcionando. En los últimos días había retenido más de 50 libras de líquido en el cuerpo, señal de que ya el final se acercaba.
El Jueves, luego de almorzar, mi mamá había bajado a verla y a recibir a mi tío que había venido desde La Vega para verla, por su estado grave. Yo, por mi lado estaba cerrando los bultos para irme de fin de semana, cuando a las 2:57 pm escuché el teléfono sonar. Mi papá lo cojió y oí que dijo “¿se murió?” Supe instantáneamente que mi abuela había partido.
Mi abuela tuvo una vida un poco complicada. Nació en Madrid, España, en el año 1911, y a los 18 años se casó con mi abuelo, un viudo de 39 años que ya tenía una hija de su primer matrimonio. Tuvo 10 hijos, uno detrás del otro, viviendo en un campo y con muy pocas facilidades.
Mi abuela se dedicó en cuerpo y alma a mi abuelo y a sus hijos. Por eso, al mi abuelo morir en 1982, fue mi percepción que la llama de la vida se le apagó. Ya había sufrido una pérdida muy grande muchos años atrás. Su hija Mercedes, a quien nunca conocí, murió a los 12 años de una meningitis. Luego, poco tiempo después de la muerte de mi abuelo, su hijo mayor, tío Toñito, murió dolorosamente de un cáncer que lo consumió poco a poco. Tiempo después tío José, uno de sus hijos más mimados, murió repentinamente un Viernes Santo, víctima de un infarto fulminante. Recuerdo que estábamos en Jarabacoa cuando recibimos la noticia. Creo que esto terminó de apagarla, porque después de ahí nunca volvió a quitarse el luto y pasaba sus días en silencio o en oración.
De todos sus hijos que están vivos, siempre pensé que la llegada de su muerte le afectaría más a tía Loly que a los demás. Sin embargo, tía Loly nunca deja de sorprenderme. Esta muerte era más que anunciada, sin embargo, todos mis tíos se desmoronaron, menos ella. Mami estaba inconsolable, repitiendo una y otra vez anécdotas de su infancia y cómo mi abuela había hecho hasta lo imposible por darle la mejor educación disponible, en una época en la que pensar en educación para las mujeres era casi pecado. No me quiero imaginar las conversaciones que tuvo que tener mi abuela con mi abuelo para convencerlo, no sólo de dejar que mi mamá estudiara, sino para mandarla a vivir interna al Colegio Inmaculada Concepción de La Vega, en esa época uno de los mejores del país, sino el mejor. Me imagino el dolor en el corazón de mi abuela al ver a su primera hija partir a la tierna edad de 7 años, a luchar contra el mundo y los tabúes de la época.
El sacrificio de una madre por el bien de sus hijos no tiene precio.
Todos mis tíos son ya personas adultas. La más joven es tía Loly, quien se dedicó en cuerpo y alma a mis abuelos, tanto así que sacrificó su propia vida y sus oportunidades e hacer su propia familia para siempre estar al tanto de ellos. Como dije anteriormente, pensé que ella iba a ser la más afectada de todos, pero nuevamente me equivoqué. Como siempre, ella fue quien consoló, quien mantuvo la calma, quien de verdad entendió que la muerte no es más que la manera de llegar a la vida eterna. Mi tío Firo vive aún en el campo, y cuando mi abuela murió venía en una guagua camino hacia acá y al no tener celular nadie le pudo avisar. Cuando llegó a la parada se encontró con mi primo Tony y mi primo José Antonio e inmediatamente se dio cuenta de lo que había pasado; se pasó el funeral inconsolable. Mi tía Milita estaba de vacaciones con su esposo en Dubai; tuve que llamar a mi primo Fausto en Ohio, quien coincidencialmente cumplía años ese día, para que tratara de comunicarse con ellos. Tío Genito, el más “fuerte’ de los varones, siempre mantuvo su temple, pero el Sabado cayó interno con diferentes problemas; entiendo que fue de la emoción. Tío Chico intentó mantenerse calmo, pero las lágrimas siempre se asomaban a sus ojos. Tío Gonzalo no podía contenerse; todos estábamos muy preocupados por él ya que hace pocos años tuvieron que cambiarle las válvulas del corazón y ese tipo de emociones podrían afectarle. Intentamos comunicarnos con los demás familiares que viven fuera para que lo supieran. A mi prima Dolly le quisieron cobrar US$1,600.00 por el ticket de venida desde NYC dizque por el asunto del Spring Break. A mis primas Ima, Angie y Andrea les avisaron luego del entierro por motivos personales. A mis otros primos no sé si lograron contactarlos. Todo se complicó porque era plena Semana Santa y quedaban muy pocos familiares en la ciudad. En mi caso, si me hubiese ido más temprano como tenía planeado quizás me hubiese enterado el Domingo al venir, ya que en mi destino no entraba la señal. Todo fue muy pronto.
Se decidió que la enterraríamos al otro día. Como era Viernes Santo no se pudo celebrar misa, pero conseguimos a un cura que oficiara una ceremonia. Tampoco se pudo publicar su muerte en los periódicos porque estos no circulaban. Llegaron varios familiares y amistades que se habían enterado; personas que tengo toda la vida viendo y varias más que nunca había visto hicieron acto de presencia. Al momento de terminar, fuimos al Cementerio, donde tía Loly y mi prima Yanira mencionaron unas palabras en honor a mi abuela. Luego, en hombros de sus nietos, el ataúd donde reposaban los restos de mi abuela fue depositado en su morada final.
Que vayas bien, Mamaúa. Sé que estás muy contenta allá arriba, al lado de Mercedita, Papitoño, tío Toñito y tío José. Sé que estás velando por todos nosotros. Sé que ese dolor que cargabas en lo más profundo de tu alma por motivos que sólo tú sabes, ha sido sanado por la Gracia Divina de Dios. Sé que ya debes estar sonriendo, sintiéndote orgullosa de lo que dejaste aquí abajo como prueba de tu grandeza, dedicación y entrega. Sé que estás descansando y en el lugar donde siempre quisiste estar. Y pensar que te fuiste un Jueves Santo, casi como tío José, un día 13, el número favorito y de la suerte de Papitoño. Sé que te fuiste en paz con Dios, rodeada de amor, con tu conciencia tranquila de saber que dentro de tus limitantes hiciste todo lo posible y mucho más.
Nos veremos pronto.

8 comments:

Anonymous said...

Dudette I'm sorry to hear that. I was about to IM Friday( I saw your tagline) but then I thought that those things are personal and did not want to meterme donde no me llaman.
P.S. I've always loved the way you write, It's as if I was there for the most part of the post.
Take care.

_José

henry siteber said...

Me hiciste llorar.
Por coincidencia, mi ultimo post fue sobre como pasan los anios y la muerte de nuestro familiares.

Lamento tu perdida.

Sabriela P. said...

hay manita :( siento muxo tu perdida! pero Diosito sabe por que hace las cosas, quiza ya era hora de que descansara :( mucha conformidad para los que quedan aqui...

Abrazos

Sabri

Leo Vásquez said...

De veras nuevamente lo siento. Viví muy de cerca una experiencia parecida.

Unknown said...

Te acompaño en tus sentimientos. Sé que tu abuela se ha lelvado con ella los lindos sentimientos que expresas.

Sarah said...

Siento mucho la perdida de abuela. Mi familia estamos pasando por algo parecido con mi abuela, solo esperamos el momento en que nos dejaras, y la espera es un poco dificil.
Que los angeles del cielo, acompañen a tu familia en esta etapa dolorosa.

Lo siento mucho.

Anonymous said...

Cuando vi en el msn que estabas de luto, sospeche que era algo asi. Como te habia expresado anteriormente lo lamento mucho, tambien he pasado por esta pena. Por mas natural que sea la muerte siempre nos toma de sorpresa. Cuidate. Se te quiere de gratis.

GH said...

Cuanto siento la muerte de tu abuelitay leyendo y asociando nombres me uno aun mas a tu dolor pq ella era la bisabuela de mis mejores amigos Cesar y Desiree los hijos de Marilyn nietos de Gonzalo.. Para que veas lo chiquito que es el mundo.. Pero na, como te dije anteriormente lo siento y solo te hay que pedirle a DIos para que llegue a su morada y de serenidad a tu familia.. Un beso con el corazon en la mano.. Gloria Holguin